Manresa: de paraíso familiar a ruinas frente al mar

En el litoral de la Autopista 30 de Mayo, específicamente en el lugar conocido como Manresa, había un área de recreación que fue muy popular durante más de dos décadas entre los habitantes de la ciudad y sus alrededores. Allí, las personas disfrutaban de helados, participaban en competencias de chichigüa y gozaban de juegos mecánicos en un área verde rodeada de pinos, uvas de playa y cocoteros. La Heladería Manresa fue un negocio emblemático que respondía a la familia de Julio Subero y no tenía relación con las congregaciones religiosas jesuita y salesiana que también tienen presencia en la zona.

Hoy en día, lo que queda de ese lugar de recreación son solo ruinas y el mar Caribe como testigo silencioso de lo que alguna vez fue. El bullicio y el correteo de los niños han cesado, y en su lugar, solo se pueden ver hierros retorcidos y corroídos, locales destechados y una naturaleza que ha vuelto a reclamar el espacio. La falta de mantenimiento y la disputa por la propiedad del terreno, que es reclamada por la Fundación Activo 20-30 y la Alcaldía del Distrito Nacional, han llevado a este lugar a convertirse en un espacio lúgubre donde se vende sexo y pernoctan indigentes y vendedores ambulantes. Manresa es ahora un dulce recuerdo de una época pasada, y muchos se preguntan si algún día volverá a ser un lugar de alegría para las generaciones futures.

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